Historia

Esta imagen es resguardada por el Archivo de Documentacion Grafica y Audiovisual (DGA) de la Universidad de Santiago de Chile. Cualquier consulta acerca de las condiciones de uso y de propiedad, comunicarse a archivodga@usach.cl

Deportistas Escuela de Artes y Oficios

El periódico “Renacimiento” de la sección de Bienestar de la Escuela de Artes y Oficios, publicó el 1 de septiembre de 1928 un artículo referente a los beneficios sociales de practicar algún deporte, manifestando:

“un team de football, rugby o cualquier otro deporte, en todos los rincones del país, y el problema social está resuelto. ¡Distracción sana! ¡Sana en lo físico, pero también sana en lo moral! Distracción, huida de las incitaciones perversas. Higienización del alma, queda libre de odios y bajas pasiones”.

La relevancia de la actividad física desde temprana edad radica tanto por su aporte al bienestar físico y emocional, como también al proceso de construcción del imaginario nacional desde una perspectiva civilizatoria y moral de los cuerpos. Por esta razón, no es extraño que los primeros clubes sociales y deportivos en Chile surgieran al alero de las instituciones educacionales y de núcleos obreros, espacio del cual la Escuela de Artes y Oficios también fue partícipe.

A través de las diversas ramas del Club Atlético Escuela de Artes y Oficios (fútbol, tenis, atletismo, excursionismo, ping pong, básquetbol y boxeo) la comunidad cosechó prestigio deportivo tanto en las ligas escolares como amateurs. Destacó, por ejemplo, el campeonato de la serie E de la Liga Central de Football de Santiago de 1927 donde el primer equipo de la Escuela fue campeón. Esa tradición deportiva la heredó la Universidad Técnica del Estado, estableciendo solo unos años después de su fundación el Departamento de Bienestar Estudiantil y Deportes. Entre las responsabilidades del Departamento se encontraba: 1) organizar olimpiadas bienales o trimestrales inter escuelas; 2) proveer de equipamiento; 3) organizar torneos zonales; y 4) armar un programa interdisciplinario que relacione el fomento al deporte con instancias artísticas y culturales. Por otro lado, para desarrollar el deporte extra-universitario o profesional, se constituyó en 1954 el Club de Deportes UTE.

Los esfuerzos durante los primeros años de funcionamiento del Departamento y Club de Deportes estuvieron enfocados en consolidarse en el circuito competitivo. En básquetbol, por ejemplo, alcanzaron rápida notoriedad tanto en la Asociación de Básquetbol de Santiago como en las ligas universitarias. En 1955, luego de un partido contra Palestino, la Revista Estadio se refería al plantel como

“Y la novedad fue Universidad Técnica. Un botón que es esperanza en canchas santiaguinas. Equipo auténticamente nuevo, con muchachos de buenos físicos, disciplinados y promisorios, y que se educan en buen molde técnico (…) Este cuadrito de la Técnica es una promesa grata, bajo la batuta siempre competente de ‘caluga’ Valenzuela, tiene muchachos altos y esbeltos como José de la Fuente, Jaime Fauré y Leo Canessa de los cuales el primero es un valor en potencia por su instituto de básquetbol: posee coordinación; aplomo y sangre de crack. Ya está llamado a la Selección Nacional” (4 de junio de 1955. Año XIV, N°629).

Efectivamente, José de la Fuente fue convocado al equipo nacional participando del tercer lugar obtenido en el Campeonato Mundial de Básquetbol de 1959. Por el lado del atletismo, también se formaron deportistas de renombre, como por ejemplo Ernesto Lagos, representante nacional en el Sudamericano de atletismo de 1957 y ganador del salto alto con 1,93 metros.

Esta imagen es resguardada por el Archivo de Documentacion Grafica y Audiovisual (DGA) de la Universidad de Santiago de Chile. Cualquier consulta acerca de las condiciones de uso y de propiedad, comunicarse a archivodga@usach.cl

Barra de la Escuela de Ingenieros Industriales en 1° Olimpiada Deportiva de la UTE

Abarcando una parte importante de la comunidad, los y las estudiantes se comprometieron con el desarrollo del deporte de la universidad. El club, al igual que cualquier otro en el espacio deportivo, favoreció la vinculación y homogeneización entre los distintos estamentos de la comunidad, flexibilizando la estructura jerárquica a una donde se podía compartir lúdicamente con las autoridades, aspecto esencial para el desarrollo de una identidad y pertenencia universitaria que los diferenciaba de otras casas de estudio. Un ejemplo de esto, fue la antesala del partido de fútbol en 1956 entre el plantel profesional de la UTE, que participaba en la liga de ascenso, contra sus pares de la Universidad Católica, equipo comandado por Sergio “sapito” Livingstone que acababan de descender. El evento tuvo resonancia entre todos los estudiantes de la universidad y de la EAO quienes organizaron la barra estudiantil. Los alumnos se inscribieron en grupos creando cánticos, gritos, lienzos y banderas alusivas al ‘primer clásico universitario de la liga de Ascenso’. La idea de los estudiantes era imitar al entonces clásico de la UC y la Universidad de Chile en la Primera División y del cual la UTE nunca pudo ser parte. Muy preparados los y las estudiantes partieron ese día desde la EAO hasta el Estadio Santa Laura a alentar al plantel, sin embargo, si bien la barra de la UTE participó, por parte de la barra de la UC no asistió nadie. El partido finalizó 0-1 en contra de la Técnica.

Otro ejemplo del compromiso de los y las estudiantes con el desarrollo del deporte universitario fue el 4to Congreso de la Federación de Estudiantes de la UTE, desarrollado en 1959 en Concepción, el estamento acuerda que junto con la matrícula se debiese pagar una cuota deportiva que sería repartida entre las diversas ramas del Departamento de Bienestar Estudiantil en todas sus sedes y el Club profesional de Deportes. Esta nueva política deportiva fue aprobada por el Consejo Superior Universitario un par de años después.

El país inicia los años 60’ con uno de los mayores eventos futbolísticos a nivel internacional: la Copa Mundial de Fútbol de 1962. Tras tomar la decisión en 1954 de inscribir la candidatura de Chile en la elección de la sede que organizaría el torneo, idea respaldada por el presidente Carlos Ibáñez del Campo quien entendía el poder social del fútbol en las masas, Carlos Dittborn y Juan Pinto Durán recorrieron varios países para alcanzar la votación máxima. Dos años más tarde, en el Congreso de la FIFA, Chile se antepuso a Argentina por 32 contra 11 votos, mientras que Alemania, la tercera opción, retiró su candidatura. Con Jorge Alessandri en la presidencia, el Estado chileno desplegó un gran plan de modernización de estadios, transportes y telecomunicaciones, el cual se derrumbó luego del terremoto de Valdivia en 1960. Sin Juan Pinto Durán en la organización, quien había fallecido en 1957, y con la contingencia de la reconstrucción de la zona afectada, la organización del evento estuvo a punto de ser cancelada, sin embargo, gracias a las donaciones de varias federaciones de fútbol y la FIFA, la gestión pudo continuar. Para resolver el tema de las telecomunicaciones el gobierno encargó a las universidades chilenas (Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad Técnica del Estado) las transmisiones de la Copa Mundial.

Aunque la televisión chilena tenía pocos años de existencia en el país y de las tres universidades, la UTE, que tenía asignado el canal 7 antes de convertirse en TVN, era la menos preparada, las autoridades aceptaron el desafío y acordaron conseguir cámaras y equipos de transmisión. La condición desde el gobierno hacia las universidades era transmitir sin publicitar a ninguna empresa privada, ya que no se pretendía hacer de la televisión un espacio comercial. En ese camino, la Universidad de Chile firma un contrato de préstamo de equipos con la empresa Toshiba, mientras que la UTE hace lo mismo con Radio Minería. El convenio con la empresa radial era claro: se donaban los equipos, pero no se haría propaganda comercial y si se solicitaba, tampoco se haría mención de la empresa en cuestión. Sin embargo, el jefe del laboratorio de electrónica y telecomunicaciones de la Universidad de Chile, Bartolomé Dezerega, envió una carta al Director General de Servicios Electrónicos (a cargo de la televisión nacional) y al Ministro del Interior indicándole que la UTE había firmado un acuerdo con Radio Minería donde la institución superior se comprometía hacer publicidad de la radio al principio de cada programa. Con el gobierno en contra y la sorpresiva decisión del ministro de que todas las transmisiones se debiesen concentrar en el canal de la Universidad de Chile (lo que no prosperó finalmente, puesto que tanto el canal 9 como el 13 transmitieron el Mundial), la UTE decidió no participar dejando como antecedente el conflicto con la Universidad de Chile. (Revisar cronología)

A pesar del traspié del Mundial, el deporte siguió su curso. En la década de 1960 fue nuevamente reconocido el equipo de básquetbol masculino, quien junto al plantel de la Unión Española encabezaron el clásico del baloncesto, mientras que en fútbol, distintos jugadores profesionales de larga trayectoria a nivel nacional fueron contratados por el Club de Deportes UTE, lo que generó un alto gasto presupuestario de la universidad hacia el plantel. Este elevado costo, sumado a serios cuestionamientos tanto de estudiantes como de autoridades sobre mantener un plantel profesional de fútbol universitario que no beneficiaría directamente a la institución y la necesidad de re-orientar al club hacia un beneficio estrictamente estudiantil, provocó que en 1969 se cerrara el Club de Deportes UTE (Revisar link).

El cierre del club no fue motivo para que el deporte universitario no se siguiera potenciando. En 1972, y con el fin de formular una política que impulsara el deporte masivo en la universidad, la UTE realizó el Primer Consultivo Nacional de Deportes de carácter triestamental en todas sus sedes. A partir de ese consultivo, en 1974 se instauraron los Créditos Deportivos Universitarios, idea que luego ha sido replicada hasta la actualidad en otras instituciones educacionales.